Justino Flores es un hombre que como todo buen jefe de familia se ve preocupado por la educación de sus hijos, en tiempos donde la educación pública sólo engendra criminales decide omitir esta opción y buscar un segundo trabajo para poder pagar una escuela privada para Ramón y Alejandra, sus dos pequeños hijos.
Los diarios no suelen ofertar trabajos que gente sin piernas ni brazos pueda requerir, pero el día era martes y el mes Abril, Justino estaba de suerte. Un mordaz y poco común empleo se ofertaba: “Se busca pisapapeles humano, no se tiene que hacer nada más que respirar de manera silenciosa y adecuada”.
Justino Flores pidió ayuda para cerrar el periódico y marcar el teléfono. Fue entrevista fluida y encantadora, la cual terminó en una contratación inmediata.